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Crónicas

El arte como un lugar para ser: la historia de La Roma

La Roma encontró en el arte un espacio para expresarse, resistir y construir caminos hacia una sociedad más incluyente.

"Mucho gusto, yo soy La Roma, una draga, una marica y un ser humano que quiere velar por la igualdad de derechos de todas, todos y todes". Así se presenta quien, detrás del maquillaje y el escenario, también es Román Escobar: un soñador que encontró en el arte un camino para transformar su vida y la de otras personas.

Aunque recuerda su infancia con cariño, reconoce que crecer siendo una persona diversa estuvo marcado por los prejuicios y las expectativas sociales. "Siempre estás descubriendo quién eres y cuáles son tus sueños, pero la sociedad termina limitándote cuando esos sueños no encajan en lo que espera de ti", afirma La Roma.

Fue el arte el que le permitió reconciliarse con su identidad. Allí encontró un espacio donde podía expresarse sin miedo, reconocer sus capacidades y convertir sus experiencias en una herramienta para inspirar a otros:"El arte me permitió encontrarme conmigo mismo. Me permitió ser, conocerme, amar y transformar mi historia. También me enseñó que puedo ser un lugar seguro para otras personas".

Ese propósito también ha encontrado un lugar en los procesos impulsados por el Instituto Distrital de las Artes – Idartes. La Roma ha participado en diferentes iniciativas de la entidad que promueven el reconocimiento de las diversidades y el ejercicio de los derechos culturales. Hizo parte de La noche y las luciérnagas, una experiencia artística que celebra las identidades diversas, y fue la Dama de Protocolo durante la Izada de Banderas LGBTI de Idartes, un acto simbólico que reafirma el compromiso institucional con la inclusión, el respeto y la construcción de espacios seguros para todas las personas. 

Desde su experiencia como artista drag, La Roma reconoce que las personas con identidades y expresiones de género diversas aún enfrentan barreras para acceder a oportunidades laborales, educativas y culturales. Para él, ser una persona diversa implica resistir, pero también abrir caminos para quienes vienen detrás.

"Mi sueño es que las nuevas generaciones encuentren espacios seguros donde no tengan que vivir las discriminaciones y las violencias que muchas personas hemos enfrentado", enfatiza La Roma.

Ese propósito también atraviesa su visión sobre el papel del arte en la sociedad. Considera que la cultura es una herramienta para generar bienestar, transformar imaginarios y construir comunidades más incluyentes. Por eso insiste en la necesidad de fortalecer el sector artístico y dignificar el trabajo de quienes hacen del arte su proyecto de vida.

Durante el Mes del Orgullo, historias como la de La Roma recuerdan que el arte no solo se vive sobre un escenario. También es un espacio para el encuentro, el reconocimiento y la construcción de una ciudad en la que todas las personas puedan ser y expresarse en libertad.

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