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Rock al Parque 30 años: una política cultural que hace historia en Bogotá

El festival demuestra el alcance que puede tener una política cultural pública sostenida en el tiempo.

La edición número 30 de Rock al Parque marcó un momento excepcional en la historia cultural de Bogotá. Lo ocurrido durante esta jornada, por la dimensión de su convocatoria, la diversidad de su programación y la respuesta de la ciudadanía, constituye un hecho sin precedentes no solo para el festival, sino para la historia reciente de los grandes conciertos de la ciudad.

 Tres décadas después de su creación, Rock al Parque demuestra el alcance que puede tener una política cultural pública sostenida en el tiempo: una política que ha acompañado la formación cultural de tres generaciones, ha contribuido a construir identidad, ha convertido el encuentro con el rock en una experiencia de ciudad y ha hecho del espacio público un lugar para la participación cultural masiva. Su impacto es social, porque reúne generaciones y públicos diversos; cultural, porque sostiene y renueva una escena musical; económico, porque moviliza visitantes y consumo en diferentes sectores; y simbólico, porque forma parte de la manera en que Bogotá se reconoce y se proyecta.

Los resultados de la medición del Observatorio y Gestión del Conocimiento Cultural permiten dimensionar parte de ese impacto. El 96,1 % de los asistentes encuestados considera que Rock al Parque promueve la identidad de Bogotá; el 88,2 % señala que este tipo de eventos contribuye mucho al reconocimiento positivo de la ciudad a nivel nacional e internacional y el 94,1 % manifiesta orgullo por Bogotá a partir de su oferta cultural.

 A esto se suma que el 96,1 % considera que el festival fomenta la cultura ciudadana y el 90,2 % lo reconoce como un espacio de encuentro y sana convivencia en el espacio público. Estos resultados ayudan a explicar por qué el balance de esta edición no puede limitarse al número de artistas o asistentes: Rock al Parque hace parte de la memoria de la ciudad y de una construcción de identidad que se ha desarrollado durante 30 años.

La dimensión económica y turística refuerza esta lectura. La medición preliminar del Observatorio estima que, durante los dos primeros días, los asistentes habían generado gastos cercanos a $190.948 millones en alimentación, compras, transporte, vestuario y otros consumos asociados al festival. El 24,2 % de los asistentes encuestados provenía de otras ciudades de Colombia o del extranjero y, de ese grupo, el 91,9 % manifestó haber llegado a Bogotá específicamente para asistir a Rock al Parque. Es decir, el festival también funciona como un mecanismo de circulación de personas, recursos y experiencias hacia la ciudad.

Una ciudad que se preparó para una convocatoria histórica

La Administración Distrital, a través del Instituto Distrital de las Artes – Idartes, conocía la expectativa que generaban los 30 años de Rock al Parque y preparó esta edición a partir de una planeación que buscó ampliar las condiciones para recibir al público. La operación partió de una ampliación significativa del espacio disponible: el área destinada al festival pasó de 150.000 metros cuadrados en 2025 a 210.000 metros cuadrados en 2026, un incremento del 40 %. Dentro de esta ampliación se incorporó el cuarto escenario, el BBC, que contó con 12.140 metros cuadrados, como parte de una estrategia para distribuir de mejor manera al público dentro del Parque Simón Bolívar y ampliar las zonas disponibles para la circulación y permanencia de los asistentes.

También se modificó la configuración tradicional del escenario Plaza. Se retiró el enrejado que históricamente generaba un efecto de embudo en este punto del parque y se desplazó 26 metros el límite del escenario principal, habilitando una superficie mayor para el público. La operación de salida también fue reforzada: se pasó de cuatro a seis salidas, mientras que el equipo logístico aumentó de aproximadamente 300-400 personas en ediciones anteriores a 550 personas en esta edición.

Estas decisiones respondieron a una premisa concreta: entender que una celebración de 30 años podía generar una convocatoria excepcional y que, por tanto, era necesario preparar la infraestructura, los espacios y la operación para una mayor concentración de público.

 A estas medidas se sumó el cumplimiento estricto de los requerimientos establecidos por el Sistema Único de Gestión para Aglomeraciones – SUGA, como condición para la autorización y el acompañamiento institucional del evento. Los cálculos de aforo se realizaron sobre los parámetros establecidos para el festival y tomando como referencia los comportamientos históricos de asistencia.

Sin embargo, la respuesta de la ciudadanía superó ampliamente las proyecciones. Durante el primer día se recibió prácticamente el doble de asistentes frente a lo inicialmente previsto y, durante el segundo, la cifra llegó a triplicar la estimación..

Ante esta situación, la institucionalidad tomó decisiones durante el desarrollo mismo del evento. A las 6:30 p. m. del segundo día, el secretario de Cultura, Recreación y Deporte, Santiago Trujillo, y la directora de Idartes, María Claudia Parias hicieron un llamado público, a través de los medios de comunicación, Canal Capital y las redes sociales institucionales, para informar a la ciudadanía que no se dirigiera al Parque Simón Bolívar debido a la capacidad alcanzada. La comunicación buscó gestionar de manera responsable una convocatoria que había superado las previsiones y evitar que continuara aumentando la concentración de público.

De manera paralela, el Puesto de Mando Unificado (PMU) mantuvo un seguimiento permanente de la operación y permitió la coordinación de las entidades responsables de seguridad, salud, movilidad, gestión del riesgo y atención de la emergencia. De acuerdo con el balance operativo, en materia de lesiones por trauma se registraron dos personas remitidas para atención especializada, una cifra que, de acuerdo con la información suministrada para este balance, fue inferior a la registrada en otras ediciones de Rock al Parque y en otros grandes conciertos realizados en Bogotá durante 2026.

Un evento de ciudad que solo es posible con articulación institucional

La magnitud de Rock al Parque hace evidente que su realización no depende exclusivamente de una entidad ni de la producción de los conciertos. Es un evento de la Alcaldía Mayor de Bogotá, un evento  de ciudad que requiere la participación coordinada de diferentes sectores de la Administración Distrital, organismos de seguridad y emergencia, entidades de salud y equipos especializados de operación.

Uno de los principales espacios de articulación fue el Comité SUGA, integrado por las secretarías Distrital de Gobierno, de Seguridad, Convivencia y Justicia; de Salud, Movilidad y Ambiente. También participan el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (IDIGER), la Unidad Administrativa Especial Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá (UAECOB) y la Policía Metropolitana de Bogotá. Como parte de la articulación interinstitucional también está TransMilenio.

Lo sucedido en esta edición permite entender, finalmente, que Rock al Parque, no es solo un festival de música.  Es un patrimonio bogotano, una política cultural que durante tres décadas ha producido memoria, ha formado públicos, ha dado lugar a distintas generaciones de artistas y ciudadanos y ha convertido la participación cultural en una experiencia colectiva de Bogotá. En sus 30 años, el festival no solo celebró su propia historia: la ciudad celebró una parte de la suya.

 

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