Entrevistas
LabsRurales, la propuesta de Juan David Reina
El ganador de la Residencia Plataforma Bogotá - Medialab Prado cuenta sobre su experiencia y su proyecto.
Taller Tecnologías para abrazar el sol - Murunmuke, Sierra Nevada de Santa Marta. 2020. Juan David Reina-Rozo
Contenido

Juan David Reina-Rozo estará viajando a España para realizar la Residencia Plataforma Bogotá - Medialab Prado, convocatoria que ganó a través de su propuesta LabsRurales.

Este año, los sistemas educativos son de particular interés para Medialab Prado, un laboratorio ciudadano que funciona como lugar de encuentro para la producción de proyectos culturales ubicado en Madrid, España. Por lo tanto, el proyecto planteado por Reina-Rozo es ideal para esta estancia, que tendrá lugar a lo largo de los meses de junio y julio de este año, dado que propone explorar procesos de aprendizaje, experimentación y creación en territorios rurales. 

Juan David Reina explica que esta propuesta surge, en parte, de la crítica a la concepción que un gran porcentaje de la población, principalmente de Colombia, tiene sobre la ciudadanía; y la forma en que se relaciona con las ciudades, y  en las que muchas veces no se toman en cuenta poblaciones indígenas, campesinas, afrocolombianas, entre otras, que cuentan con procesos y dinámicas que vale la pena explorar y mapear en el marco de laboratorios ciudadanos. Los Laboratorios Rurales, entonces, surgen como emergencia para los sistemas educativos de la ruralidad. 

Se ha interesado en explorar la relación tecnología-sociedad, es Ingeniero Industrial, magíster en Medio Ambiente y Desarrollo, y doctor en Ingeniería en Industria y Organizaciones, programas que ha cursado inicialmente en la Universidad Nacional de Colombia y finalizado en instituciones como la Universidad de Barcelona en España y el Massachusetts Institute of Technology - MIT- en Estados Unidos. 

¿Cómo ha sido su recorrido como investigador? ¿Qué proyectos ha desarrollado?

He trabajado como investigador desde el pregrado, siempre en la relación  tecnología- sociedad y tecnología-comunidades. Nunca he trabajado, o he ejercido la ingeniería industrial propiamente, si bien me han funcionado algunas herramientas, la reflexión y la creación tecnología. También he colaborado con muchos colectivos, un poco del lado de investigación-creación. 

He tenido trabajos en investigaciones alrededor de Extensión solidaria, un programa de innovación social de la Universidad Nacional. También trabajo de interacción con comunidades rurales, campesinas, e indígenas. De hecho, también fui ganador de la beca en arte, tecnología y ancestralidad del Idartes. Ahí desarrollamos un proyecto denominado Tecnologías para abrazar el sol, se basó en distintas pedagogías alrededor de energías fotovoltaicas, con comunidades sobretodo indígenas de la costa Caribe. Ahora estamos editando un libro de nuestra experiencia allá y de algunas conversaciones que tuvimos con ellos.

 

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En noviembre de 2020 me gané la beca de Investigación-creación Pacífico con el Ministerio de Cultura. Realizamos un intercambio sonoro entre comunidades rurales de Nuquí, Chocó y Cauca, alrededor de procesos productivos a base de biodiversidad, un poco lo que se denomina innovación biocultural. 

 

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¿Cómo llegó a interesarse por esa unión entre sociedad tecnología?

Fue en 2008, más o menos, en mi pregrado. Empecé a colaborar con una escuela popular en Altos de Cazucá en Soacha. La idea era intentar crear una sala de cómputo para esta escuela popular, entonces lo que hicimos  fue un proyecto denominado trashware. Pedimos computadores viejos, o que considerábamos inútiles, a amigos, colegios o familia, y les pusimos programas como Linux y los llevábamos. Sin embargo, por la realidad del territorio, y todo lo que pasaba, nos dimos cuenta que no era solo ir a llevar una tecnología en instalarla ahí, sino que es mucho más compleja la relación que se retroalimenta mutuamente. Es decir, una tecnología siempre va a guiarnos a esas formas de ser como sociedad y nuestros intereses, pero también a su vez la sociedad con ciertas relaciones va a cambiar la forma de hacer tecnología; es una relación bidireccional.

He tenido el privilegio de trabajar en proyectos relacionados a este tema en Perú, en Nepal, Uganda y en Brasil con comunidades rurales. Además, siempre han sido un poco alrededor de estos formatos de educación, pues son procesos de aprendizaje, de aprender haciendo a través de prototipos, talleres, entre otros.  

En Brasil, por ejemplo, trabajamos en una favela en São Paulo con colectivos de jóvenes para nuevas formas de hacer el espacio público, de reapropiarlo. Los jóvenes intervinieron un muro, no solo pensándolo en términos de urbanización, sino también del mismo espacio público como una tecnología que mide las relaciones. También trabajé con un laboratorio de innovación ciudadana un proyecto alrededor de una radio mesh, con diferentes puntos de interacción. 

En Uganda trabajamos con comunidades rurales en Kampala, la capital, alrededor de una metodología que se llama desarrollo de capacidades creativas. También tuve la oportunidad de trabajar en un campo de refugiados al norte del país, una ciudad que colinda con Sudán del Sur y la República Democrática del Congo. Trabajamos con refugiados con temas de innovación como tecnológica, campañas en contra del discurso de odio, educación abierta por medio de kits de electrónica y un tema de centros de información para refugiados. En Nepal, hicimos un programa con estudiantes universitarios australianos, ellos iban a realizar experiencias y proyectos con comunidades rurales en la cercanía a la capital, Kathmandú. Si les interesa saber más sobre los proyectos que realicé en estos viajes, estuve desarrollando un blog sobre ellos que pueden consultar. 

¿Qué tal ha sido la recepción de estas comunidades a los proyectos y tecnologías propuestos por ustedes?

Es interesante, porque uno se da cuenta que son limitadas, en el sentido que muchos de esos procesos llegan. Es decir, se insertan desde afuera, duran un tiempo y salen. No hay un periodo para un verdadero diálogo de saberes, que uno normalmente espera. La idea siempre será hacer procesos de mediano y largo plazo, en especial con gente local, que de alguna manera sea puente, estudiantes universitarios o líderes locales que medien esa situación. En el caso de Uganda sí lo logramos, pues formamos a líderes allá para poder continuar el proceso.

En el caso de Nepal sí nos dimos cuenta que el centro eran los estudiantes australianos, no era tanto la comunidad local, por lo que fue a corto plazo. Uno reflexionaba bastante sobre estas estrategias y así no pueden ser. Abrió una discusión importante. 

Entrando en su propuesta para Medialab Prado ¿cómo llegó a los laboratorios rurales? 

La idea es seguir ese proceso de laboratorio ciudadano, aunque siempre han estado orientados a la ciudad. Aún pensamos que la ciudadanía corresponde a la ciudad, entonces la idea es discutir ese concepto. Además, hay unas dinámicas en la ciudad que no tenemos en el campo, como tener luz e Internet las 24 horas del día, por lo que los ejercicios de creación y de exploración de prototipado tienen otras dinámicas, otros modos y otras situaciones. 

He notado, en mi experiencia en varias regiones en Colombia, que existen esfuerzos de iniciativas de educación rural. El objetivo de la residencia es entender esos procesos, dialogar con ellos, no solo en Colombia, pues también tenemos identificados unos espacios en España, en Brasil... Entonces, es intentar hacer una cartografía y mapear la diversidad de iniciativas, buscar qué tienen en común, qué tienen de diferente, porque lo que le interesa a Medialab, sobre todo, es entender los sistemas educativos. 

Para nosotros ahí será importante entender cómo se articulan, si lo hacen, y sino, por qué no. Presentar al final de esa residencia ese mapeo y las herramientas que se usan, sobre todo en un contexto global de descampesinización del campo. Nos estamos quedando sin campesinos y campesinas, esto no es solamente latinoamericano, sino europeo. Enfrentar este problema pensando que pueden haber nuevas maneras de habitar el campo. El diálogo, el fortalecimiento de las tradiciones de la vida rural.

 

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¿Cuál es su hipótesis o perspectiva con respecto a los sistemas educativos actualmente y con respecto a lo rural?

Existe una crítica fundamental a las formas de educación, o los sistemas educativos formales, en términos de las notas, y eso. En la ruralidad, históricamente, se ha educado, en los saberes tácitos, en lo empírico, en lo situado y en lo contextual. Muchas veces en lo ancestral. Estos modos formales de la educación están muy asociados con la modernidad, y dejan muy poco espacio al tema cultural. 

Uno no ve eco-educación en Bogotá, por ejemplo, y existen ejercicios autónomos de educación. Se están empezando a hacer ‘escuelitas’, dentro o al lado de los espacios no formales, donde enseñan temas de ciencias naturales a través de qué tenemos. Es decir, se hace una taxonomía participativa, hacen un conteo de bichos y matas. Son sistemas que procuran que la educación no esté fragmentada, sino que sea integral. 

Entonces, la hipótesis un poco es que, si bien ya hay unos procesos autónomos de educación, hay unos diálogos también, entonces cómo se dan en estos espacios y hasta qué punto fortalecen a los sistemas educativos. 

Ahora, España es otro contexto, ahí hay una cosa interesante. Las personas acá son conscientes de la diversidad en términos étnicos y sociales, pero uno creería que allá de pronto no. Sin embargo, el País Vasco tiene una fuerte tradición de ancestralidad, en Navarra también tienen un tema de la propiedad colectiva de la tierra, una comarca, bastante interesante. Entonces, es un poco quitar esa idea del Norte Global como un escenario homogéneo y moderno, pues también tiene elementos rurales interesantes que se pueden poner en diálogo con los de América Latina.

Medialab Prado

 

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