Editorial
Conversaciones del arte con la ciudadanía
Estamos llenos de historias que demuestran que el arte no es solo un asunto de estética sino también de ética
Foto: Premio Luis Caballero
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Glorias Fuertes García, poeta española dice: "Un niño con un libro de poesía en las manos nunca tendrá de mayor un arma entre ellas". El arte tiene un poder transformador en la sociedad, es un instrumento de participación y creación de conciencia crítica, es un indicador de riqueza que se mide en el desarrollo de las urbes, a través de la circulación de sus manifestaciones culturales y el acceso a ellas. Referirnos al arte es hablar de herencia, de pluralidad de la sociedad y de conversaciones que curan. Es desarmar las manos de un niño para convertirlo en artífice de sus sueños. 

Los colombianos estamos en mora con nosotros mismos de darle la oportunidad al arte de promover conversaciones que nos ayuden a resolver los grandes desafíos actuales. En este momento es imperioso que la cultura se vincule estratégicamente a la planificación política de nuestras ciudades. Y no hablamos de una utopía. Prueba de ello es el Teatro El Ensueño. Este equipamiento es una gran apuesta de ciudad para democratizar el acceso a las artes, descentralizar la oferta cultural y ponerla al servicio de los habitantes de la localidad de Ciudad Bolívar en Bogotá. Esto es poner en función de una ciudad y sus habitantes el poder del arte.

Diálogos del arte con otros sectores

El arte tiene mucho que decir. La resistencia cultural y la resistencia pacífica poco a poco se han convertido en un amplificador de muchas voces que piden ser incluidas en los temas centrales que hoy se discuten en la agenda pública en nuestro país ¿Qué aportes puede hacer el arte para reducir el ambiente de polaridad en el que vivimos? ¿Cómo se fortalecen los procesos educativos a través del arte? ¿Qué escenarios nuevos propone el arte para llegar a consensos políticos y económicos? Son preguntas que requieren ser atendidas no solo por unos pocos gestores culturales y amigos del arte. Se requiere de voluntad política y una agenda programática de diálogo donde estén incluidos todos los sectores.

Esta es la oportunidad real para hacer una masa crítica en función de la cultura que transforme los imaginarios históricos de violencia y desigualdad en los que nos hemos movido por años. Cuando un joven decide por el arte en vez de pertenecer a una pandilla, está cambiando no solo su vida, está rompiendo un paradigma en su territorio. Los programas Nidos y Crea del Idartes, están llenos de historias que demuestran que el arte no es solo un asunto de estética sino también de ética. 

 

Dialogar es crear en colectivo

Una de las mayores riquezas del Idartes son los artistas formadores y los artistas comunitarios que trabajan en los territorios. A través de ellos hemos logrado establecer diálogos con las comunidades para fortalecer la apropiación de prácticas artísticas enfocadas en la niñez y la adolescencia, que se desarrollan en los centros y laboratorios de formación. Aquí el entendimiento de las dinámicas del territorio es fundamental para crear colectivamente alternativas artísticas que cumplan su función transformadora. 

Necesitamos que esta misma magia que se produce en lo local, en nuestro sector, trascienda al ámbito político, social, educativo y económico del país. Tenemos una conversación importante por agenciar con otros sectores. No podemos quedarnos mirando cada uno desde su orilla y creer que la solución a la actual crisis llegará del otro lado, sin que hagamos algo en colectivo. Todos debemos hacer un aporte desde nuestra área de conocimiento, ser flexibles para evitar caer en la posición de ‘tener la razón’. Tenemos un propósito superior en donde la legitimidad nos la dará el bien común.

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