La canción latinoamericana y las fusiones musicales, protagonistas de Colombia al Parque 2026
La canción latinoamericana y las fusiones musicales, protagonistas de Colombia al Parque 2026
Al mediodía del sábado, cuando el cielo bogotano empezaba a abrirse y el sol calentaba el ambiente, el Parque de los Novios parecía otra ciudad, en la que los protagonistas fueron los tambores, gaitas, marimbas, porros, los cantos latinoamericanos, el baile y las conversaciones que se mezclaban con el olor a café y las comidas típicas. Frente a la tarima, una niña bailaba sobre los hombros de su padre mientras, a pocos metros, un grupo de mujeres mayores seguía el ritmo con las manos levantadas. Más atrás, parejas se abrazaban sobre mantas extendidas en el césped y un grupo de amigos improvisaba pasos de cumbia. Así transcurrió la edición número 24 de Colombia al Parque: como un lugar de encuentro donde las diferencias desaparecían a medida que sonaba la música.
Durante dos días, el festival, organizado por el Instituto Distrital de las Artes - Idartes, reunió a 25 mil asistentes, que disfrutaron de una programación que puso en diálogo distintas generaciones, territorios y sonoridades bajo una idea central: reconocer a las cantoras como guardianas de la memoria, tejedoras de territorio y protagonistas fundamentales de las música.
Y esa presencia femenina atravesó todo el festival. Estuvo en las voces que hicieron bailar, en las que celebraron y resignificaron el espacio público También estuvo entre los visitantes: mujeres jóvenes con flores en el cabello, madres cargando bebés, adultas mayores con vestidos estampados, adolescentes maquilladas con brillos y botas de colores. Colombia al Parque fue, en muchos sentidos, un festival sostenido por voces femeninas y por una idea amplia de lo colectivo y del cuidado.
El sábado, dedicado a Las que cantan la fiesta, comenzó desde temprano con Dracuila, que conectó el bullerengue y las músicas del Caribe con elementos urbanos. Más tarde, Corazón Santandereano llevó al escenario guabinas y torbellinos interpretados por varias generaciones de una misma familia, mientras Duetorres con la interpretación de temas como Los Cucaracheros y Soy colombiano rindió homenaje a los clásicos de la música andina.
Uno de los momentos más emotivos de la tarde llegó con la Orquesta de Lucho Bermúdez. Bastaron los primeros acordes de Colombia tierra querida para que los asistentes comenzaran a bailar. Había parejas girando lentamente y personas cantando de memoria canciones que han acompañado la historia cultural del país durante décadas como Carmen de Bolívar y Arroz con coco. La presentación confirmó el porqué el legado del maestro Lucho Bermúdez sigue siendo parte esencial de la cultura nacional..
Más adelante, Flor de Cerezo convirtió el escenario en una celebración de gaitas, trajes coloridos y empoderamiento femenino, mientras Reburú llevó al festival los sonidos del Pacífico sur colombiano La noche avanzó hacia la fiesta colectiva con la propuesta electrónica de Amantes del Futuro, que transformó el parque en una pista de baile que resonó al ritmo de la cumbia rebajada.
Pero uno de los momentos más significativos del sábado ocurrió con Martina Camargo, talento de San Martín de Loba, municipio ubicado al sur del departamento de Bolívar, cuando apareció en escena como quien llega a compartir una memoria antigua. Su voz, la tambora y la tradición oral se unieron para generar una de las fiestas más bailadas dentro del festival. Martina no sólo interpretó canciones también recordó el valor de las músicas que sobreviven gracias a la transmisión de los saberes y el papel que tienen las mujeres en la sociedad actual.
El cierre estuvo a cargo de Belkis Concepción y Las Chicas, que abrieron su presentación con el clásico La Media María, con la que pusieron a bailar a todos los visitantes del Parque de Los Novios, pasos que continuaron al ritmo de otros temas como Comején, Juana la Cubana y hasta su propia versión de la famosa canción Coqueta. De esta manera, las artistas dejaron en evidencia que el merengue está más vivo que nunca.
Un domingo memorable
El domingo el festival cambió de atmósfera con Las que arrullan el alma, temática de la jornada con la que se rindió homenaje al cuidado y a la escucha íntima. Desde las 11 de la mañana comenzaron a llegar familias con coches, grupos de amigos y los deportistas que frecuentan este parque, quienes recorrieron la Zona de Arte y Emprendimiento y disfrutaron del taller Juegos, voz y raíz, liderado por la artista Martina Camargo, actividad de la carpa de experiencias que fue preámbulo a la oferta musical del escenario principal del festival.
Y fue la música andina la encargada de abrir esta tarima de la mano de la agrupación Bogotanísmo. Luego, continuando con el talento distrital, La Rola Band se encargó de iniciar la rumba con sonidos afrocaribeños. Después llegó Bejuco con la fuerza de la marimba y los cantos del Pacífico sur.
La energía colectiva alcanzó otro punto alto con Bambarabanda, agrupación nariñense que desató uno de los momentos más festivos del domingo, gracias a su mezcla de ritmos andinos, rock, ska y músicas latinoamericanas, propuesta musical que también ha llegado a tres ediciones de Rock al Parque.
Más tarde, Sincopa2 ofreció un recital de música andina, y el ambiente festivo volvió a llegar con la presentación de Killabeatmaker, que fusionó la electrónica, el beatboxing con sonidos tradicionales colombianos.
La presentación de La Morena del Chicamocha mantuvo la fiesta con su bullerengue y los bailes cantados. Su puesta en escena reafirmó el espíritu de inclusión y diversidad que atravesó esta edición del festival.
Luego, con el inicio de la noche, el parque recibió a una leyenda de la música y la memoria latinoamericana, se trata de Quilapayún, que interpretó canciones con una gran carga simbólica como Plegaria a un labrador y El pueblo unido jamás será vencido, esta última, la más cantada por el público, fue interpretada en colaboración con Bambarabanda, pero antes de llevar este himno al escenario, hicieron también una colaboración con Marta Gómez y a tres voces revivieron Te recuerdo Amanda, generando con esto uno de los momentos más conmovedores del festival, pues el público pudo apreciar con esta agrupación chilena composiciones de Víctor Jara, Violeta Parra y otros representantes de la canción social. Resultó muy emotivo ver a varias generaciones unidas por himnos que han acompañado luchas, encuentros y memorias colectivas en América Latina.
El cierre de la edición número 24 de Colombia al Parque quedó en manos de Marta Gómez, cuya voz serena y cercana terminó de darle al festival un tono íntimo, festivo y cálido.. Sus canciones sobre la memoria, la migración, la infancia y América Latina fueron coreadas por un público que permaneció hasta el final pese al frío de la noche bogotana.
Experiencias para todos los gustos
Más allá de los conciertos, Colombia al Parque ofreció una experiencia cultural que contó con distintos espacios, uno de estos fue la Zona de Arte y Emprendimiento, que reunió 20 propuestas creativas alrededor de la identidad y la circulación cultural, cuyas ventas alcanzaron los 59 millones de pesos. También hubo actividades de literatura, talleres pedagógicos y 15 artistas del proyecto Arte a la KY.
Entre tanto, la carpa de experiencias se convirtió en otro de los puntos de encuentro más concurridos del festival. Allí, en cada cambio de artista, el colectivo Siku Trencitas acompañó la programación del sábado con intervenciones que mezclaron arte, tradición y participación del público. El domingo se desarrolló el taller dirigido por Martina Camargo y una presentación del Semillero de Bullerengue de Bogotá, actividades que ampliaron la experiencia del festival más allá de la tarima principal.
Al final de las dos jornadas, Colombia al Parque dejó algo más que conciertos memorables. Dejó imágenes difíciles de olvidar: personas bailando, familias enteras cantando juntas, jóvenes descubriendo músicas tradicionales por primera vez, mujeres ocupando el centro del relato cultural y asistentes compartiendo un mismo espacio desde el respeto y la celebración colectiva.
Durante dos días, el festival volvió a demostrar que la canción latinoamericana todavía tiene la capacidad de reunir a desconocidos alrededor de algo esencial: la posibilidad de encontrarse a través de la música.
