Entrevistas

“Mi mirada, mi bendición y mi maldición”: Silvia Rivera Cusicanqui

La socióloga boliviana habló con Idartes sobre su exilio, su experiencia con la mirada y la importancia de lo colectivo en la sociedad.
Silvia Rivera Cusicanqui
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Por: Tatiana Lizarazo Correa

Socióloga, activista e historiadora boliviana, Silvia Rivera Cusicanqui es precursora de la Sociología de la imagen y reconocida, entre otros temas, por sus investigaciones sobre el anticolonialismo y por sus luchas para reivindicar los derechos de los pueblos originarios y de las mujeres en América Latina. En su paso por Bogotá, como invitada a la FILBo, habló con el Instituto Distrital de las Artes - Idartes sobre la importancia de los procesos comunitarios, sobre los movimientos feministas en la región y sobre cómo romper con los estereotipos que ha implantado la cultura hegemónica occidental. 

Hablemos un poco acerca de la sociología de la imagen.  ¿Cuál es el papel de esta imagen en el anticolonialismo? y, ¿a qué se refiere con imagen, lo que va más allá del discurso?

Exacto, es el vestuario, es la fotografía, o sea, tiene todo el corpus de la imagen. No es lo mismo que antropología visual, a mí me interesa la imagen del periódico, por ejemplo, cómo recortan la gente, cómo hacen los periodistas para editar y para hacerte decir cosas que no has dicho. Entonces, para mí la imagen es una totalidad de sentido. Incluye la arquitectura, incluye el volumen, los ojos y la mirada, que es para mí la imagen más importante, pues con la mirada podemos romper los esquemas de dominación que nos vienen por los ojos. 

¿A qué se debe, entonces, esa pasión por la mirada?

Particularmente me interesa la mirada, porque yo estuve exiliada, pateada por la policía y todo eso. Y de verdad me he defendido mirando. Desde muy niña yo lo único que hacía era dibujar y entonces yo quería hacer, yo quería pintar. Cuando me preguntaban qué quiere ser yo decía quiero pintar, pero claro, vino la revolución universitaria y dije yo ¿qué hago pintando? Entonces me metí en la política. Empecé a hacer letreros, todo el poder a los estudiantes, de ahí ya nos agarraron presos y ya me tocó ir al exilio y a la cárcel, donde mi mirada fue mi bendición y mi maldición, porque me patearon, por mirar unas listas en las que decía quiénes estaban perseguidos. Hubo un tipo muy malo,  yo estaba embarazada de mi hija y me pateó mucho, entonces la mirada me sirvió para defenderme también, pues  puse una mirada de bruja y eso evitó que me violaran.

¿Cómo trasladar la visión de lo chi´xi a procesos colectivos?

Este concepto se puede aplicar como tejido. Yo creo que en los microespacios se puede trabajar, por ejemplo, en el barrio, con colectivos comunitarios, con casitas, pero trabajar espacios más grandes te lleva a enfrentar con el poder.

Y, ¿qué defines como poder?

Es una estructura a la vez colonial y patriarcal, porque es el dominio masculino y entonces es el desconocimiento de que todos tenemos también una subjetividad dual, masculina y femenina. Todas las mujeres tenemos a un macho y todos los varones tienen una mujer en su interior a la cual no suelen reconocer.

¿Cómo podemos combatir el epistemicidio que nos ha impuesto la hegemonía colonial?

Haciendo comunidad. Las comunidades se crean, se recrean, se hacen es cuestiones barriales, se hacen en casas, se vive diez años, pero también se puede vivir tres años en una especie de comunidad, se irradia cierta ética. O sea, sin ética no hay nada, no hay política, no hay comunidad, no hay nada. Pero en lo micro están las soluciones grandes.










 

 

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