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Crónicas

El arte como refugio: así acompañan Idartes y las Casas Refugio a las primeras infancias

Más de 170 niñas y niños de las Casas Refugio han encontrado en el arte un espacio para jugar, sentir y volver a confiar gracias al programa

Ana todavía se sorprende cuando escucha a Emma reír. Durante mucho tiempo, los sonidos de su hija de un año fueron apenas susurros, pequeños balbuceos y llantos difíciles de consolar. Ahora, en cambio, la niña se emociona cada vez que ve aparecer materiales de colores, escucha una canción o descubre nuevos objetos y texturas para tocar. "Ya vienen", dice Ana, como quien anuncia una visita esperada. Y es que desde hace algunos meses, las experiencias artísticas del programa Nidos, arte en primera infancia se han convertido en uno de los momentos más especiales de la semana en la Casa Refugio donde viven.

Las mañanas transcurren entre las rutinas cotidianas, los cuidados y las actividades que hacen parte del proceso de recuperación y acompañamiento que brinda la Secretaría Distrital de la Mujer a las mujeres que son acogidas allí como medida de protección ante la violencia intrafamiliar que han sufrido en sus hogares. Mientras Emma duerme la siesta o permanece con otras niñas y niños, Ana asiste a talleres, estudia y retoma proyectos que había dejado en pausa, para empezar, poco a poco, a imaginar un futuro diferente. Pero hay algo que ambas esperan con entusiasmo: el momento en que el arte llega a la casa.

Ese día, las artistas formadoras entran cargando instrumentos, libros, materiales y una invitación sencilla: jugar. No hace falta mucho más. Emma gatea hacia uno de los objetos brillantes que trae consigo la artista formadora, intenta seguir con sus manos una melodía suave y sonríe cuando escucha una historia narrada al oído. Ana la observa, mientras participa de la actividad y contempla cómo su hija descubre el mundo con una tranquilidad que hace unos meses parecía lejana. "Aquí también sanamos nosotras", en medio del bullicio de los bebés, las niñas, los niños y otras mujeres que comparten con ellas ese momento.

Entre 2025 y lo corrido de 2026, más de 170 hijas e hijos de mujeres acogidas en las Casas Refugio de Bogotá han participado en estas experiencias artísticas desarrolladas gracias a la alianza entre el Instituto Distrital de las Artes -Idartes y la Secretaría Distrital de la Mujer. A través de la música, la narración oral, el movimiento y la exploración sensorial, profesionales de distintas disciplinas acompañan los procesos de bienestar emocional de niñas y niños en primera infancia, reconociendo que ellos también necesitan espacios seguros para crecer y reconstruir la confianza.

“En Idartes creemos profundamente que el arte puede convertirse en un lugar seguro de encuentro, cuidado y esperanza para las niñas y los niños. Llevar experiencias artísticas a las Casas Refugio es reconocer que la reparación también pasa por la posibilidad de jugar, imaginar y sentirse seguros. Cada canción, cada historia y cada momento compartido con quienes los cuidan contribuye a reconstruir vínculos y a recordarles que son protagonistas de una vida que merece ser vivida con ternura, dignidad y alegría”, afirmó María Claudia Parias, directora del Idartes. 

Cuando termina la experiencia, Emma se queda dormida abrazando uno de los libros que recibió durante la jornada. Ana la acomoda con cuidado y se permite recordar sensaciones que hace tiempo no sentía: que después de todo, todavía es posible volver a empezar. Y que, a veces, la esperanza llega así, cantada en voz baja, escondida entre las páginas de un cuento, entre juegos e imaginación o sostenida en las manos pequeñas de una niña que vuelve a sonreír.

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