La tercera edición de Vallenato al Parque reunió tres generaciones de un género que Bogotá también hizo suyo
La tercera edición de Vallenato al Parque reunió en un mismo escenario a figuras históricas del género, a representantes de dinastías que han mantenido esta tradición musical y a los intérpretes que hoy están ampliando sus públicos.
De esta manera, Otto Serge, Farid Ortiz, Beto Zabaleta, Amín Martínez y Los Diablitos compartieron programación con Elder Dayán, Ana del Castillo, Karen Lizarazo, Rafa Pérez, Los K Morales y Aniel Velásquez, mientras cuatro agrupaciones distritales mostraron que el vallenato también tiene una escena propia en Bogotá.
Canciones que no necesitan presentación
El sábado el repertorio funcionó como un territorio compartido: bastaban los primeros compases para que una parte del público reconociera la canción y comenzara a cantarla. Así ocurrió con varias presentaciones, como la del legendario Otto Serge, quien llevó al escenario clásicos como Señora y Esposa mía. Después, el canto colectivo siguió con Busca un confidente y No voy a llorar, temas emblemáticos de Los Diablitos, agrupación fundada en Valledupar en 1985 por Omar Geles y Miguel Morales.
Uno de los artistas más coreados fue Amín Martínez, cuya historia está ligada a Los Chiches Vallenatos y a canciones como Ceniza Fría, Tierra Mala y Muchacha Encantadora. El cierre del sábado estuvo a cargo de Beto Zabaleta, cuya carrera comenzó en 1977 junto a Emilio Oviedo y que posteriormente, junto a Beto Villa, dio forma a Los Betos, agrupación que grabó 16 producciones discográficas en una década.
Así, las presentaciones del primer día tuvieron algo en común: el público no se limita a escuchar las canciones; las conoce. Las letras circulan entre generaciones, forman parte de recuerdos familiares y sobreviven a los cambios de las tendencias musicales. Por eso, cuando un clásico comenzó a sonar, el escenario dejó de ser el único lugar desde donde se cantaba.
Una historia familiar que continúa
La segunda jornada trasladó esa conversación hacia las dinastías del vallenato. Los K Morales, integrados por Kanner y Keyner Morales, llegaron con una historia que comenzó en 2005 y que continúa el legado de Miguel Morales y Kaleth Morales. Después de dos décadas de trayectoria, el dúo combina elementos del vallenato con sonidos contemporáneos.
Aniel Velásquez representa otra de esas continuidades familiares. Nieto de Aníbal Velásquez y sobrino de Nelson Velásquez, construye una propuesta propia dentro del vallenato romántico contemporáneo sin desligarse de una historia familiar que atraviesa varias etapas de la música colombiana.
Elder Dayán Díaz llegó desde otra de las grandes dinastías del género. Hijo de Diomedes Díaz, ha desarrollado una carrera propia dentro de la nueva generación, manteniendo el vínculo con un legado familiar que ocupa un lugar central en la historia del vallenato. Ana del Castillo, nacida en Valledupar, representó también a una generación que ha encontrado nuevas formas de ocupar el escenario y de ampliar la presencia de las mujeres en el género.
La presencia de Karen Lizarazo profundizó esa transformación. Su trayectoria está vinculada a la apertura de nuevos caminos para las mujeres dentro del vallenato y fue la primera cantante vallenata en firmar con Universal Music Group.
El vallenato también se escribe desde Bogotá
El festival no se limitó a trasladar a la capital las figuras más reconocidas del género. Cuatro agrupaciones distritales hicieron parte de la programación, entre ellas Vacap, Combo Nuestra Tierra, Jaime Espitaleta y Alfredo Gómez y Los Hijos de Majagual.
El caso de Combo Nuestra Tierra resulta significativo para entender esa apropiación. La agrupación nació en Bogotá en 2016 como una iniciativa para promover jóvenes intérpretes y fortalecer la difusión del vallenato en el interior del país. La mayoría de sus integrantes nació en Bogotá y sus alrededores.
Alfredo Gómez y Los Hijos de Majagual, por su parte, acumulan más de 35 años de trayectoria en la interpretación del vallenato y la música sabanera en la capital. Su presencia muestra que la relación entre Bogotá y estas músicas no comenzó con el festival: existe una escena construida durante décadas por músicos que encontraron en la ciudad un espacio para tocar, enseñar, crear y mantener vivo el repertorio.
Vacap llevó esa apropiación hacia otro lugar. La agrupación distrital propone una lectura contemporánea del vallenato mediante elementos del pop y el rock, ampliando las posibilidades sonoras del género sin abandonar la referencia a los juglares que marcaron su historia.
La memoria también tuvo escenario
La tercera edición incorporó además un capítulo dedicado a Rafael Escalona en el año de la conmemoración de su centenario. La Fundación Rafael Escalona presentó “100 años de Rafael Escalona”, un espectáculo construido alrededor de la obra del compositor y de su legado.
Participaron el Rey Vallenato Beto Jamaica, el guitarrista Mario Llanos Durán y la maestra Stella Durán, sobrina de Escalona y pionera de la interpretación femenina del vallenato clásico. El homenaje introdujo en la programación una dimensión distinta: no solo interpretar canciones, sino volver sobre la obra de uno de los compositores fundamentales de la tradición vallenata.
También hubo espacio para mirar hacia las raíces del género. Jorge Pabuena presentó Leyendas, un proyecto que reúne a Silvio Brito y Marcos Díaz y que parte del repertorio clásico y de la tradición vinculada al juglar Alejo Durán.
Y en medio de esa conversación apareció Kandymaku, artista arhuaco que trabaja desde el vallenato y los ritmos tradicionales de su pueblo para llevar al escenario elementos de la cultura y el conocimiento de la Sierra Nevada de Santa Marta.
Impacto del Festival
De acuerdo con datos de la Dirección del Observatorio y Gestión del Conocimiento Cultural sobre el impacto económico, se estima que durante estos dos días de festival los asistentes gastaron cerca de 930 millones de pesos dentro del festival.
En cuanto al impacto turístico, el 9% de los asistentes al evento vienen de otras ciudades o son extranjeros. De estos, el 46% que han asistido al festival han disfrutado adicionalmente de la oferta gastronómica y un 42% ha realizado compras por la ciudad.
Así, el festival terminó contando una historia más amplia que la de sus propios tres años de existencia. El vallenato que llegó al Parque Simón Bolívar fue el de los clásicos, pero también el de las familias, los nuevos intérpretes, las mujeres que han ganado espacio, los músicos de Bogotá y las expresiones que mantienen una relación directa con los territorios donde nació el género.
