El copetón que convirtió 30 años de Rock al Parque en una imagen
Durante 30 años, Rock al Parque ha construido una relación particular con Bogotá: el Parque Simón Bolívar se convirtió en su casa y, al mismo tiempo, en el territorio de especies como el copetón. Para la imagen oficial de la edición que conmemora las tres décadas del festival, el diseñador Tavo Garavato partió de esa coincidencia para construir una pieza que conecta la historia del evento con la identidad gráfica de la ciudad.
La elección del copetón, protagonista del afiche, no surgió de una búsqueda exclusivamente gráfica. Para Garavato, el ave forma parte de su experiencia cotidiana de Bogotá. “Es un ave que me ha acompañado en las caminatas por los parques y barrios; incluso, tuve la fortuna que en una época visitaban el balcón de mi estudio. Siempre lo vi como un ave muy fuerte y resistente en su pequeño tamaño. Además, su copete gris y negro siempre lo asocie a la estética punk o rockabilly; y su actitud de resistir ante las aves invasoras que amenazan su habitad es admirable. Es como una pequeña bella resistencia ante una ciudad tan grande y con momentos muy hostiles”, explica el artista.
Garavato indica, además, que la relación de esta ave con Rock al Parque se construye desde el territorio. Ambos, el festival y el copetón, han atravesado transformaciones y han resistido distintos cambios. En el caso del festival, este ha sobrevivido a las transformaciones de la música en vivo, la industria, las administraciones distritales y las discusiones sobre su papel cultural; en el caso del ave, su permanencia en medio de la expansión urbana.
Esa idea de resistencia también está presente en el lenguaje visual escogido por Garavato. Su trabajo parte de una cultura del “hágalo usted mismo” y de una observación de las calles de Bogotá como espacios donde el stencil, el cartelismo, el sticker y el graffiti funcionan como formas de expresión y resistencia. “Llevar esos códigos al afiche permite que la celebración de los 30 años del festival dialogue con una tradición gráfica estrechamente vinculada con la ciudad y con las formas en que sus habitantes intervienen el espacio público”, dice Garavato.
En el afiche también hay tres copetones pequeños, que condensan otra dimensión de la historia del festival. Garavato decidió incluirlos para representar su pasado, presente y futuro. No se trata, entonces, de una sola ave como símbolo estático, sino de una secuencia que plantea continuidad: una especie que ha encontrado en el parque su hábitat y un festival que ha hecho de ese mismo territorio el escenario de una historia que llega a tres décadas.
El color también nace de Bogotá. La paleta recoge los atardeceres que Garavato ha observado desde su estudio y la luz que, al caer sobre los cerros, alcanza a iluminar las torres del Parque Simón Bolívar. De allí surge un naranja que el diseñador relaciona con la ciudad y con la obra del arquitecto Rogelio Salmona. El color deja así de ser un recurso ornamental para convertirse en otro vínculo entre la imagen, el paisaje urbano y la experiencia personal de quien la diseñó.
Pero la elección del copetón introduce también una conversación que trasciende la celebración. El concepto de la imagen reconoce las discusiones sobre el impacto de los festivales musicales en los ecosistemas de aves del Parque Simón Bolívar. En lugar de presentar al ave únicamente como un recurso gráfico, la propuesta plantea una oportunidad para hablar de la convivencia entre la actividad cultural y el entorno natural.
En ese sentido, la imagen de los 30 años no busca únicamente identificar una edición del festival. El copetón funciona como un punto de entrada a una serie de experiencias que se enlazan en el entorno urbano: la de una especie que habita la ciudad y la de un festival que durante tres décadas ha ocupado un lugar en su paisaje cultural. La frase que atraviesa el concepto es “El copetón no solo canta, nos recuerda dónde estamos”
Así mismo, para Garavato, además, la pieza tiene una dimensión personal. El adolescente de 15 años que no pudo asistir al primer Rock al Parque de 1995 terminó llegando al festival por primera vez en 1999, cuando tenía 18 años. Convertirse ahora en el autor de la imagen oficial de sus 30 años cierra, de alguna manera, un recorrido que comenzó como espectador y terminó vinculado a la construcción visual de la historia del festival. Su experiencia se cruza así con la de las bandas y públicos que, generación tras generación, han encontrado en Rock al Parque un lugar para participar de la historia musical de Bogotá.
