Rock al Parque: tres décadas de memoria contadas por algunos de sus protagonistas
Rock al Parque: tres décadas de memoria contadas por algunos de sus protagonistas
Entre el 26 y el 29 de mayo de 1995, Bogotá vivió la primera edición de Rock al Parque. Lo que comenzó como una apuesta arriesgada impulsada por gestores culturales, músicos y promotores terminó convirtiéndose en uno de los festivales gratuitos más importantes de América Latina y en un símbolo de la transformación cultural de la ciudad. Treinta años después, el festival no solo consolidó una escena musical que en los años noventa apenas encontraba espacios para existir, sino que redefinió el uso del espacio público, fortaleció la circulación de artistas colombianos y ayudó a construir nuevas formas de convivencia alrededor de la música.
La historia de Rock al Parque surgió en un momento en el que el rock colombiano carecía de escenarios, infraestructura y oportunidades reales de circulación. En aquella época, Bogotá tenía una escena subterránea activa, pero dispersa. Bandas, músicos y productores buscaban lugares para tocar mientras la industria apenas empezaba a reconocer el potencial del rock hecho en Colombia. En medio de ese contexto apareció una idea que, para muchos, parecía imposible: realizar un festival gratuito, al aire libre y de gran formato.
Uno de los protagonistas de ese origen fue Julio Correal, quien recuerda que la creación del festival respondió a una suma de necesidades y convicciones compartidas. “Vender la idea de crear un festival era casi imposible”, señala. “Afortunadamente estaba Bertha Quintero, una mujer de mente abierta y revolucionaria; estaba Mario Duarte, un cantante de una banda de rock que necesitaba exponer su banda y crear una escena; y estaba Julio Correal, manager de una banda que sabía que la industria estaba interesada. Entonces esos tres deseos surgieron”, concluye Correal. De esa conversación nació la idea de hacer un festival gratuito que ocuparía escenarios como el Parque Olaya, la Media Torta y el Parque Simón Bolívar.
Correal recuerda que la propuesta parecía desproporcionada para la época: “En ese momento había un poco de irreverencia, un poco de industria seria y también el sueño de los músicos de tener un escenario apropiado”. Esa mezcla terminó dando origen no solo a Rock al Parque, sino también al modelo de festivales públicos que más adelante se expandiría a otros géneros musicales en la ciudad.
Durante sus primeras ediciones, el festival funcionó como una plataforma decisiva para bandas que apenas comenzaban a abrirse camino. Aterciopelados fue uno de los casos más representativos. Andrea Echeverri recuerda que antes del festival casi no existían espacios para tocar ni infraestructura para desarrollar una escena musical. “Había unas bandas y había un movimiento, pero no había dónde tocar. No había instrumentos, no había ensayaderos, casi ni lugares para estudiar música”, explica. Para la banda, Rock al Parque significó la posibilidad de presentarse ante grandes públicos y adquirir experiencia en escenarios profesionales. “Fue creciendo y nosotros también”, resume Echeverri.
Con el paso de los años, el festival dejó de ser únicamente una plataforma de circulación musical para convertirse en un fenómeno cultural y ciudadano. Dilson Díaz, vocalista de La Pestilencia, considera que Rock al Parque ayudó a demostrar la capacidad de organización y convivencia de las audiencias jóvenes. “Las administraciones entendieron que este es un espacio que nos pertenece. Rock al Parque mostró cómo Bogotá se mueve culturalmente y le enseñó a otras ciudades del país que estos festivales ayudan a construir cultura y convivencia”, afirma. El impacto del evento se refleja también en la aparición de festivales musicales públicos en distintas ciudades colombianas, inspirados en el modelo bogotano.
La relación entre música y espacio público es otro de los elementos centrales en la historia del festival. Para 1280 Almas, el hecho de que el festival incluyera la palabra “parque” no fue casual. “Significa una resignificación de los espacios en los que se puede hacer cultura y música a través de la convivencia en paz”, afirman sus integrantes. Treinta años después, consideran que la permanencia del festival y el ejercicio de memoria alrededor de su historia siguen siendo fundamentales para las nuevas generaciones: “Rock al Parque es una semilla que ha ido construyendo una culturalidad”.
A medida que el festival creció, también se convirtió en una plataforma de proyección para cientos de artistas colombianos. Kike Monroy, guitarirsta de K93, define el evento como “la ventana más grande que puede tener una agrupación en Colombia”, mientras que Diana Portela de la banda femenina Highway, destaca el impacto que ha tenido en procesos de internacionalización. Gracias a las ruedas de negocios y espacios de networking del festival, la banda logró participar posteriormente en la Feria Nacional de San Marcos, en México. “Rock al Parque es una plataforma muy importante de internacionalización para las bandas”, enfatiza Portela.
En tres décadas, Rock al Parque ha recibido artistas nacionales e internacionales de múltiples corrientes del rock, el metal, el punk, el hardcore, el ska y las músicas alternativas. También ha sido escenario para debates sobre juventud, ciudad, diversidad y acceso a la cultura. Su permanencia demuestra cómo un proyecto nacido desde la necesidad de abrir espacios para el rock terminó convirtiéndose en una política cultural pública de largo alcance y en una referencia para América Latina.
Para Julio Correal, uno de sus fundadores, el mayor valor del festival sigue estando en la relación construida con el público durante estos años. “Rock al Parque es uno de mis grandes orgullos. Fue creado sin interés, tanto que ni siquiera el nombre se registró”, recuerda. Y al pensar en este aniversario, concluye: “A ese hijo maravilloso de 30 años decirle que ha crecido hermoso, que ha sido algo muy bonito lo que se le ha brindado al público. A mí se me llenan los ojos de lágrimas cuando veo al público feliz, esa euforia de ver a su artista ahí arriba, sin haber tenido que pagar nada. Eso siempre ha sido lo más importante”.
