Un sábado en Nidos: cuando el arte se convierte en un encuentro en familia
Son las nueve de la mañana de un sábado bogotano y el sol apenas empieza a colarse entre los edificios de la localidad de Barrios Unidos. Mientras la ciudad despierta, Camila camina de la mano de su papá hacia uno de los espacios Nidos del Instituto Distrital de las Artes - Idartes, con esa mezcla de curiosidad y timidez que solo tienen las niñas y niños de dos años frente a lugares nuevos. Su papá, Andrés, carga una pañalera y, sin saberlo todavía, la expectativa de vivir una mañana distinta junto a su hija.
En la entrada, los recibe la calidez de un lugar pensado para ellos: paredes coloridas, cojines dispuestos en el suelo, instrumentos musicales al alcance de manitos pequeñas y una dupla de artistas formadores que los saluda con una sonrisa, como quien recibe a alguien en su propia casa. Camila suelta la mano de Andrés casi de inmediato, atraída por un tambor que alguien empieza a tocar suavemente. El espacio, uno de los que conforman la red de Nidos en Bogotá, se llena poco a poco de otras familias: abuelas con sus nietos, mamás con bebés en brazos, papás que llegan directo de hacer mercado y deciden quedarse un rato.
La actividad comienza con un juego de sonidos. Los artistas invitan a los adultos a sentarse en el piso, junto a las niñas y los niños, sin jerarquías ni distancias. Camila, que al principio observaba desde la orilla, termina de pie en el centro, moviendo los brazos al ritmo de una canción sobre animales que despiertan en la selva. Andrés la mira y sonríe, sorprendido de verla soltarse con tanta libertad. A su lado, un bebé de meses balbucea como si también quisiera cantar.
Con el paso de los minutos, la música da paso a la exploración plástica: papeles de colores, texturas y materiales llamativos. Camila mancha sus dedos de azul y, sin pensarlo, los estampa sobre el brazo de su papá. Él no se aparta; al contrario, se ríe y hace lo mismo sobre una hoja en blanco. En ese gesto simple —jugar juntos, sin afán, sin pantallas— se condensa buena parte de lo que Nidos busca sembrar: momentos de encuentro que fortalecen los vínculos familiares.
Hacia el final de la jornada, ya con las manos pintadas y la ropa un poco desordenada, Camila se sienta en las piernas de su padre para escuchar un cuento que cierra la actividad. Andrés comenta, mientras recoge sus cosas, que no sabía que existiera un lugar así, tan cerca de su casa y completamente gratuito, donde el arte fuera la excusa perfecta para estar presente con su hija. Él se enteró por la invitación que le llegó de una vecina que asiste al Nido con su pequeño hijo.
Historias como la de Camila y Andrés se repiten cada semana en los 19 espacios Nidos que Idartes ha dispuesto en Bogotá. Bibliotecas, centros culturales, Creas y Cefes se transforman, franja a franja, en escenarios donde la primera infancia descubre el juego, la música, el teatro y la literatura como parte de su derecho a vivir la cultura desde los primeros años de vida.
"En Idartes no concebimos la primera infancia como una etapa de espera, sino como un momento decisivo para garantizar derechos. Los espacios Nidos son la prueba de que Bogotá puede y debe llevar el arte a los lugares donde más se necesita: cerca de las familias, sin costo, sin barreras. Cada niña y cada niño que juega, explora y participa en un Nido, está ejerciendo un derecho que no da espera, y en eso seguiremos trabajando", afirma María Claudia Parias, directora del Idartes.
