Las mediaciones de Eduar Moreno
Una idea de participación y una idea de comunidad.
Artista en estudio
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Dice la Real Academia Española que mediar es “interceder o intervenir” en asuntos entre varias personas buscando, la mayoría de las veces, ponerlas de acuerdo. Se trata de una idea de participación y una idea de comunidad. Esa noción de intercambio e intromisión le interesa al artista bogotano Eduar Moreno (1975), quien estudió en la Universidad Nacional de Colombia donde recibió el grado de maestro en Artes Plásticas con especialización en Pintura (1997).

"Yo creo que la mediación son las maneras en que queremos relacionarnos con el mundo. Cuando uno habla con el campesino, este se relaciona muy fácil con la tierra, los animales, el agua, pero, mientras hemos avanzado en crear epistemologías para conocer el mundo, nos hemos alejado más de ello", dice Moreno, nominado al X Premio Luis Caballero de la Alcaldía de Bogotá y el Instituto Distrital de las Artes - Idartes, fue galardonado con el Latin America Art Award otorgado en la VII Feria Internacional de Arte de Bogotá ArtBO en 2011, como reconocimiento a su trayectoria artística. Como artista no limita su trabajo a la técnica, al quehacer o a lo manual, sino que, usando elementos como la tierra y la pintura, propone reflexiones sobre la historia reciente. Al respecto explica el curador Santiago Rueda:

Cada vez es más raro un artista que piense en las dimensiones filosóficas de su trabajo. En ello Eduar Moreno es un pionero, él fue uno de los primeros artistas colombianos contemporáneos preocupado por el tema de la minería, y ha logrado, con el mínimo de elementos formales, un cuerpo consistente de obra.

Para ser merecedor del Luis Caballero, este creador planteó el proyecto Provocarse el archivo en la Iglesia Museo Santa Clara, que es una reflexión sobre cómo el arte mismo es una manera de relación con el mundo. Trata de vincular la relación del ser humano con el mundo y con los espacios mismos. Que el Premio Luis Caballero proponga crear un proyecto para lugar específico le parece interesante, en cuanto le da más simbolismo a los espacios y a cómo el artista se relaciona con ellos para desarrollar sus tensiones, además de retarlo a pensar en el público. “Escogí el Museo Santa Clara por ser un lugar de mediaciones. Al ser un lugar religioso inicialmente es un ejemplo de esa idea de la poesía de un lugar desde lo santo y sagrado, de cómo se reconoce el mundo como intermedio entre el más allá y el ser humano”.

“Santa Clara tiene ya una colección, es muy difícil llegar con algo, porque las características mismas del espacio hacen complejo poner algo”, acepta, antes de contar que el trabajo in situ le da al artista dimensiones políticas: salir del taller y encontrarse con el contexto mediado por las localizaciones y las “membranas demasiado vulnerables y sensibles”.

Dicho de otra manera, como lo ha hecho antes Fernando Toledo, en Moreno lo que hay es temas como “recuerdo, memoria, remembranza” y “en un corolario imposible de soslayar”, la añoranza.

Su obra para el Caballero

Moreno vinculará a otras personas, patrocinadores y sectores en su proyecto Provocarse el archivo. Asegura que el nombre del artista Luis Caballero abre puertas, es “como un santo”, por eso habrá una petición de milagro a este creador, así como una creación que le rendirá homenaje.

Como lo dijo el curador José Roca, cuando Moreno ganó el Latin America Art Award, él es un creador que habla de “prácticas culturales en declive (la fe católica en una sociedad descreída) y un patrimonio olvidado, como son las figuras de santos que él encontró en los depósitos de varias iglesias bogotanas”.

La materialidad de la obra de Moreno tiene que ver con dos cosas básicamente: 1. El papel carbón, porque es a la vez realidad y copia. 2. La pintura, como manera de retratar espacios, paisajes y, sobre todo, capturas de la realidad. Moreno une las dos en lienzos que, de la belleza y colorido del paisaje, sobre todo en tonos verdes y azules, pasan al negro, a la textura del carbón. Le gustan los medios, la idea de purgatorio y el limbo. De esto tendrá mucho su proyecto.

Santa Clara es un edificio fundacional con la idea de la razón latinoamericana y su relación con la iglesia. Una epistemología cuyos condicionamientos, como la negación del paisaje y el alejamiento del ser humano del paisaje, nos sujetan. Cuando uno mira las pinturas del Santa Clara empieza a ver imágenes de alejamiento y acercamiento del mundo. Por eso lo que espero hacer es bordear estas pinturas y las paredes laterales cubriéndolas para negarlas.

Lo hará con pinturas de tierra y ceniza y en otras ocasiones usará pigmentos verdes hechos de vegetales, con la idea de que se puedan tocar o halar. Las personas podrán decidir si quedarse con las pinturas como él las pondrá o moverlas para ver lo que hay detrás: el cuerpo desnudo del Santa Clara que no tendrá, en uno de sus pasillos el misterio característico guardado y solemne, sino que estará iluminado y expuesto mediante una serie de exposiciones plásticas sobre pensamiento y confesión.

Desde su propuesta, Moreno invitará a que se toque lo que no se puede tocar pues quiere vencer las barreras de lo sagrado y mediar entre los ideales impuestos y las realidades. Quiere invitar a los cuerpos a que toquen y tocar será importante para acercarse al archivo vivo que es una colección.

"La noción que hemos creado de archivo ha sido pensada solo desde la visión del ser humano de heredar y guardar, después de que hemos descubierto de la manera más sencilla que nos vamos a morir con miedo y dolor ante la muerte, lo que nos hace sentir una necesidad de perpetuarnos y nos perpetuamos en los objetos. Queremos que los objetos no se dañen y que podamos conservarlos como una cadena de intocables. Quiero recordarles que esas cosas se pueden tocar".

Sus referentes

Definitivamente, en el trabajo de este artista lo más importante es la idea de “pintura expandida”, por ello no teme revelar nombres como el de Jackson Pollock entre sus referentes. “Me encanta que la pintura tiene una personalidad ante el cuerpo que proyecta”.

Sin embargo, su gran referente colombiano es el maestro Miguel Ángel Rojas, porque es diverso, “sigue siendo muy joven, haciéndose preguntas a diario”. Delcy Morelos y María Elvira Escallón, con quienes comparte nominación al Caballero, también lo son.

Es un admirador de Luis Caballero. Cree que es importante, tanto que lo asumirá en este proyecto, pues elaborar un pensamiento sobre la noción de secreto lo llevó a Caballero, a sus confesiones y a sus correspondencias y respuestas con afirmaciones tan contundentes como la de su homosexualidad y su desgarramiento como una expresión de sus sufrimientos.

Caballero habla de lo que le tocó ser y dice: “Me tocó ser marica”, lo que representa mucho lo que le tocó vivir. Colombia parece un país muy conservador, pero las casas a las que asistes tienen un Luis Caballero con sus reflexiones homosexuales y una belleza increíble. De él veo su capacidad de cargar el secreto en la misma pintura, en la obra. Fue un ser avanzado para su momento y entendió que la sexualidad es un azar, una construcción.

Moreno acepta que su trabajo tiene que ver con un papá campesino que llega a la ciudad y le toca vivir las realidades de esta, así como con una mamá de provincia que emigra a la ciudad, no por la violencia sino por la idea de trasegar. También habla de su barrio, La Picota Sur, creado para vivienda de los guardianes de la prisión en contraste con un cebadal cuidado por monjas. “Me interesa la relación entre lo urbano y la provincia. Desde mis inicios descubrí que en el campo no hay papel carbón, que su uso es urbano. Me pregunto por todo lo que hay alrededor, el lugar que habito y la relación con él”.

 

 

 

 

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