En los ojos de Edwin Sánchez
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Edwin Sánchez Parada es uno de los ocho nominados al X Premio Luis Caballero, que será entregado este año.  Él habló de su trayectoria y adelantó detalles del proyecto que desarrollará para competir por este galardón de tipo bienal.

En una tarde soleada, la luz que entra por los ventanales se refleja en sus ojos. Su mirada se nutre con ese brillo, reflejando una aparente humildad, algo cercano a la paz, poco fácil de perturbar. La calma al hablar parece enfatizar que su discurso, seguro y sin pretensiones, ha venido afianzándose en el tiempo. Y ahí está, sentado, en frente, solo con la posibilidad de contestar preguntas.

Edwin Sánchez Parada proyecta calma, así su trabajo sea una película de riesgos contada en el maquiavélico epicentro de una zona de tolerancia, porque, como lo explica el curador Santiago Rueda, “si alguien ha puesto el dedo en la llaga, ha sido Sánchez, quien en sus proyectos se aventura osadamente en el Centro de la ciudad para realizar un análisis de Bogotá, la capital que no es para todos”.

Quizás fueron los años de dedicación a la docencia los que le dieron la posibilidad de tomarse un momento antes de dar un juicio. Pudieron ser también los cientos de citas con prostitutas, atracadores, presuntos sicarios y dueños de plazas de vicio. Él solo dice sentirse respetuoso a la hora de abordar esas realidades en su trabajo y afirma que no hay que vestirse de falsa moral para ser un cronista de su tiempo.

Es que son precisamente los ojos del artista el don que puede elegirse para definir a este cronista, porque su trabajo, más allá de lo plástico, busca contar realidades, abunda en lo que ve, lo define como una narración crítica de la realidad: “Los ojos del artista son el nivel de percepción que pueda tener una persona sobre su contexto. Otros ejercen la mirada, usan los ojos a través de lo intangible, y eso me gusta. Uno puede ver a las personas, pero no descifrarlas, solo conocerlas, es con hablar con ellas que se va viendo lo invisible, comprendiendo más de lo que está en juego. Los ojos están más allá del globo ocular, son el sentido del artista, solo es un verdadero artista quien puede ver más allá del globo ocular”.

Su esposa, también artista, coincide en que su atractivo son los ojos, que además de ser muy hábil “plásticamente”, es “ojo”, ya que “todo el tiempo está contemplando el espacio, detallando quién hace qué, comprendiendo el espacio y la vida desde su visibilidad”.

Con pregrados en Diseño Industrial y Artes, magister de Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional de Colombia, con estudios en la especialización en Estéticas Tecnológicas de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, Brasil; este creador bogotano, nacido en 1976, compite por el X Premio Luis Caballero, galardón bienal que entregará en 2019 la Alcaldía de Bogotá a través del Instituto Distrital de las Artes – Idartes, en el que tendrá el reto de intervenir el espacio de la Galería Santa Fe, en La Concordia.

Tiene pensado un “Torcido”, como titula el proyecto con el que fue nominado al Premio, por elección de la terna de jurados conformada por Carolina Ponce de León, Santiago Rueda y Juan David Laserna, quienes reconocieron que lo que intentará hacer será una narración de la realidad oculta, una instalación con la que dejará ver el submundo que inspira dos décadas de cercanía a lo subterráneo, a lo negado.

“Torcido va a ser una instalación de gran formato, en la que se van a proyectar diferentes contenidos: videos, proyecciones experimentales, luz, sombra, dibujo. Va a ser un juego plástico, no va a ser solo una videoinstalación, sino que mostrará mis híbridos: video mezclado con luz, ejercicios de mapping; mezclará lo que me ofrecen la luz y los objetos”, detalla el artista, para quien este va a ser un ejercicio antológico, en el cual se verá condensada su producción: “lo que he venido haciendo es conocer lo que está detrás de la ciudad, detrás de las personas. En mis inicios era muy tímido, hasta que la necesidad de buscar estos temas me hizo involucrarme con muchas personas, ir a lugares impensados, por lo que ahora puedo ver cómo con facilidad hablo con quienes tengo que hablar, he dejado el miedo, los prejuicios y ahora puedo apreciar que en este trabajo me pongo en un tono horizontal con las personas”.

Mientras valora que el espacio que intervendrá está en el Centro de Bogotá, zona que define como su territorio, acepta que le resulta un reto intervenir con su obra arquitecturas específicas. Plantea que, en parte, su admiración al Premio Luis Caballero tiene que ver con eso de dar vida a obras que antes no existían, pensadas desde el reto creador: “este es uno de los premios más importantes de la escena plástica nacional. Mis referentes, desde que era estudiante, los tengo por el Luis Caballero, considero que condensa el profesionalismo, la trayectoria”.

Realmente -continúa- además de un galardón, el Caballero es “una puesta en escena, un riesgo que cada artista asume, porque quienes están vinculados en el mercado deben asumir la faceta de la independencia”.

 

Cronista de lo oscuro

Aunque inicialmente se interesó por el diseño industrial, ya que en el Colegio Claretiano de Bosa su profesor Édgar Beltrán era diseñador industrial y lo motivaba, el arte fue lo que le permitió Sánchez Parada ampliar sus horizontes a la reflexión.

“En el colegio era bueno en manualidades y dibujo, entonces me acerqué mucho al Diseño Industrial. Estudié diseño, pero siempre sentía que me hacía falta una plataforma mucho más abierta para la experimentación, como la que tenía la carrera de Artes Plásticas, por lo que al terminar Diseño comencé Artes. Desde entonces me quedé trabajando en la parte del registro, la fotografía, el vídeo y la crónica”.

Precisa que el diseño apoya el arte en “la medida de las instalaciones”, en lo plástico, en “el manejo de materiales, del espacio, los factores de producción”, por lo que acepta que diseñar ha sido su escuela. Por su parte, las artes le abrieron “un panorama que en Diseño no habría logrado, ya que está muy ligado al mercado, a la industria y la economía, entonces tiene facetas sesgadas: cuando el diseño se mete a lo social, por ejemplo, comete muchos errores”.

La crónica tiene muchos modos de ser contada, escrita, como se ve en los medios de comunicación. Sin embargo, en lo visual, su potencial está en el documental, que es lo que a él le interesa, usando vídeo, fotografía y dibujo, herramientas que siempre mezcla. Esto -dice- le ayuda a la hora de hacer instalaciones, que es lo que más disfruta: “si hago un balance de lo que es un documental y una instalación me quedo con la instalación, porque ofrezco tiempos para que el espectador pueda interactuar con la obra en el espacio, mientras uno mezcla las técnicas, información”.

Por ello, es cronista de situaciones oscuras, es artista de inmersión en contextos específicos, particularmente fenómenos urbanos y cotidianos. Entre la gran masa de información que presenta una ciudad, intenta ubicar ciertas dinámicas que me resultan atractivas, en particular las ilegales.

“Pienso lo ilegal como un fenómeno determinante en la configuración del espacio urbano, con afectación directa sobre lo social y la interacción entre personas y comunidades. Los trabajos que desarrollo no pretenden construir un material objetivo ni configurar juicios de verdad, tampoco generar discursos sobre moral o ética (aunque es inevitable no atravesarlos). Básicamente, los trabajos tratan problemáticas sociales a través de narrativas involucrando la ironía y el humor como elementos claves”.

El galerista Jairo Valenzuela lleva la obra de Sánchez Parada a Santa Fe, espacio de la ciudad en el que conecta lo desconocido y le pone color. “Edwin lo que hace es contar una historia que se repite en todo el país, en cada municipio de Colombia hay un barrio Santa Fe, una zona de tolerancia, guardando las proporciones, ahí está ese lugar”. Recomienda su obra Inserción en circuito ideológico, un díptico de gran formato para el que tuvo que hacer inmersión en el mundo del tráfico de armas para conseguir una imagen contundente de un revolver 38 en primer plano.

Referencias, posturas, sensaciones

Entre sus referentes, sin duda, está José Alejandro Restrepo, “él tiene una inspiración muy fuerte en mi”. Además, le gustan algunos proyectos de Jaime Ávila, lo que hace Mario Opazo, quien fue su profesor. Tiene pocos referentes del diseño, en lo formal ha tomado algunas cosas, pero referencias no.

Luis Caballero como artista le gusta por su plástica, por su relación con la imagen. Los trazos, “la tensión que ejercía sobre los cuerpos dibujados o pintados me resultan muy interesantes, como figura humana intenté copiarlo muchas veces, era un referente en práctica. Siempre he estado muy cercano a su obra”.

Sobre el campo del arte en el país opina que “se ha perdido bastante el oficio”, dice que, cuando la noción de genio se acabó y la cuestión de la técnica está siempre en debate, “lo que se está viendo actualmente está más al servicio de la especulación del mercado que del arte mismo”. En esa medida, considera que los colombianos que hacen arte deben “dejar un poco la especulación, los caprichos de los coleccionistas, de las galerías, de ciertas instituciones”. El arte, desde su mirada, debe tomar una posición crítica frente a lo que está pasando en la actualidad, en el contexto en el que está.

“Si no tenemos esa posición crítica, estamos haciendo diseño. El campo artístico colombiano en los últimos años se ha venido transformando muy dramáticamente. Vengo de trabajar con colectivos como El Bodegón, este tipo de arte un poco independiente y lo que está pasando ahora es que los estudiantes están pensando en vender, en buscarle rentabilidad a lo que pagaron por su carrera”.

Haber llegado a esta fase del Premio Luis Caballero ya lo cuenta como logro. Más allá de conquistar o no el galardón, se siente con la responsabilidad de hacer un buen proyecto, ya que “no se juega uno solamente obtener el reconocimiento, sino su nombre como artista”.

 

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